Al borde del río Anchorena
Por Tomás “Peque” Luiggi Arias |
¿Qué podemos buscar en un lugar donde ya se encuentra armonía y paz? ¿Hay algo aparte? ¿Podemos descansar el cuerpo a la vez que lo exigimos haciendo un deporte, el deporte que más nos gusta? De eso se trata un poco el skate; ventilar el espíritu de la rutina y la vorágine diaria, con sudor y emociones nuevas, renovando la mente y los pensamientos en una session intensa y única… nos genera pasión la velocidad y la adrenalina, el ponernos en un desafío… pensando en que el cuerpo y su peso no se detienen así porque sí cuando estamos arriba de una tabla, es una de esas cosas lindas que tiene este momento.
Cosas por el estilo podemos encontrar en un spot clásico y simple de la zona norte como son los banks de la “Estación Anchorena” (Tren de la Costa- en Paraná y el río). Pero si sumamos esto a los locales que acuden a diario para resbalar sus bordes, usar los accesorios prefabricados que algunos traen (caños de metal y bases de terciado siempre bienvenidos) con la idea de pasar la tarde al sol entre amigos, estamos hablando de chicos y jóvenes/ adolescentes con muchos sueños y entusiasmo por el skateboarding: un deporte rico en compañerismo y valores de cooperación y respeto. Entre ellos, aquel sábado, nos encontramos al amigo canadiense Brendon de 16 años –de la escuela más cerca en la zona, el Lincoln College-, y a sus compañeros de pupitre quienes comparten el mismo sentimiento y hábito de patinar para divertirse día a día en éste lugar.
Ellos (como cualquiera que tuvo su edad) tienen sus ídolos de las revistas, de las gráficas de skate extranjeras para zapatillas, marcas de tablas y ropa, y aspiran a lograr los mismos objetivos y destrezas, por ahora con la mera exigencia de que sea un crecimiento personal y progresivo… sin presiones ni apuro… por competir sanamente entre ellos en un momento subliminal: la session del sábado.
El escenario no deja de ser protagonista en éste relato, un ambiente muy particular que es la costa del río. Compartiendo y contemplando el buen día -¡quizás de un amigo más “encendido” que uno!-, ellos intentan una y otra vez los trucos, o un truco nuevo que se concreta esa misma tarde con éxito.
Los “banquitos” de Anchorena invitan a aprovechar lo que hay; sin mucho pedir ellos te devuelven gratificación absoluta y te regalan el honor de ese entorno a pesar del poco presupuesto. “Skate and create”… con ese lema los skaters de países del primer mundo y los argentinos como nosotros (menos exigentes por costumbre) no se quejan y patinan por amor al deporte, por espíritu y diversión; ¡donde sea!